Cuando un motor de automóvil está funcionando, ya sea de diesel o gasolina, por desgracia no toda la energía contenida en el combustible es transformada en energía para poner el vehículo en movimiento. En proporciones diferentes, dependiendo de las revoluciones del motor y de las condiciones de marcha, aproximadamente un 30% de la “energía química” contenida en el combustible se disipa como calor generado por la combustión. Si el calor no se controla, el aumento de temperatura que origina puede alcanzar valores críticos para la integridad estructural del motor en sí. El principal objetivo del sistema de refrigeración es el de mantener la temperatura de las partes metálicas dentro de los límites previstos, a fin de garantizar el buen rendimiento y la fiabilidad del motor.
Los principales componentes del sistema de refrigeración del motor son los intercambiadores de calor, que aseguran la evacuación hacia la atmósfera de esa parte de energía contenida en el combustible y que no es convertida en energía disponible para mover el vehículo. Los intercambiadores de calor del automóvil están compuestos de una serie de diminutos tubos que contienen el fluido líquido a refrigerar. Unas finas aletas están fijas a los tubos: valiéndose de la conductividad de su estructura metálica, ellas “extraen” el calor de los tubos y, mediante convección, lo disipan hacia el aire que las rodea. Un radiador DENSO con una superficie frontal de 0,2 m2 dispone de más de 6 m2 de superficie refrigerante en las aletas.
Los tubos y las aletas de un intercambiador de calor de automóvil están hechos de metales con un alto índice de conductividad y poco peso, con lo que el espesor de la superficie a mecanizar es reducido. El cobre y el aluminio poseen estas propiedades.
El contacto entre los tubos y las aletas se logra con dos tipos de técnicas:
1 Soldadura de cobre;
2 Deformación mecánica: “presionando” el tubo contra la aleta.
DENSO desarrolla y fabrica intercambiadores de calor aplicando las dos tecnologías. En el primer caso, el contacto se establece mediante soldadura de cobre en hornos continuos de atmósfera controlada. En el segundo caso, por expansión mecánica en cadenas de producción automatizadas.
El rendimiento del intercambiador de calor depende, de hecho, de la tecnología aplicada. La soldadura produce un contacto "más estrecho" entre tubo y aleta y garantiza una transmisión más eficiente del calor en comparación con el contacto logrado por deformación mecánica. Sin embargo, los costes de producción de intercambiadores de calor por soldadura de cobre son mayores que los del proceso de expansión mecánica, con lo que se asegura un equilibrio entre costes y rendimiento.
Dentro de esta gama de tecnologías, DENSO desarrolla intercambiadores de calor idóneos para el automóvil y el motor en los que se se deben instalar usando su capacidad de calcular de antemano el rendimiento de los productos y estudiando la efectividad de las decisiones a tomar con la ayuda de un avanzado equipamiento de pruebas.
El desarrollo de intercambiadores de calor en DENSO está basado en un proceso que comprende una serie de rigurosas pruebas en las que se estudian todas las propiedades del producto antes de procederse a la fabricación en serie. Se efectúan ensayos de resistencia mecánica, pruebas a alta temperatura, tests de resistencia a la presión y a la corrosión antes de darse la aprobación para comprobar la fiabilidad del producto.